Templo en la montaña

 13 de enero de 2024

Hoy es nuestro último día completo en Busan y tenemos que aprovecharlo al máximo. Bajamos a desayunar y a organizar un poco la ruta del día. Los sitios que se visitan suelen estar muy alejados y obligatoriamente hay que ir en transporte público, combinando metro y autobús. 

Nuestra primera visita la dedicamos al templo Beomeosa, situado en una montaña cerca de la ciudad. Después de unas 12 paradas de metro, cogemos un autobús que nos sube a la montaña y nos deja en la entrada del templo. Otra vez éramos los únicos turistas rodeados de coreanos que hacían reverencias en todos los budas de los pequeños templos. Beomeosa fue construido hace unos 1300 años pero también fue destruido en la invasión japonesa de 1592 y reconstruido en 1713, tal como se ve en la actualidad. La arquitectura recuerda mucho a los palacios, con muchas estancias con budas y otras que sirven de alojamiento a los monjes que allí viven. Recorrimos todos los espacios, compramos unos souvenir en la tienda y volvimos a coger el bus para llegar al metro.

Paramos en Jagalchi, donde habíamos comido pescado el primer día en Busan, para hacer transbordo a un bus que nos llevara a la playa, pero al pasar cerca de la Torre del diamante, decidimos hacer la visita. Este mirador de 180 metros de altura está ubicado en el parque Jongdusan. Construida en 1973 con fines recreativos, su principal atractivo son las vistas 360 grados de esta parte de la ciudad, sobretodo del mercado de pescado de Jagalchi y el puerto. En las plantas intermedias hay una simulación de un submarino y juegos interactivos para hacerte fotos. 

Cogimos el bus que nos llevaba hasta la playa de Songdo, donde habíamos estado el primer día de noche. Nuestra intención era subir al funicular que atraviesa la bahía pero antes paramos a comer pues ya eran las 3 de la tarde. A esta hora nadie está comiendo en Corea, pero aún se pueden encontrar restaurantes que ofrecen comida para turistas como nosotros. El restaurante que elegimos estaba en la tercera planta de un edificio en el paseo marítimo. Comimos mirando hacia el mar y completamente solos, Xavi pidió bulgogi que es ternera marinada picante, que le acompañaron de arroz, un huevo frito y kimchi. Yo huyendo del picante me pedí un arroz con pollo y mayonesa, que también tenía huevo y estaba delicioso como todo lo que hemos comido.

Caminamos hasta la estación del teleférico y compramos las entradas para un viaje de ida y vuelta en una cabina con el suelo de cristal. Íbamos solos y aunque el viaje es muy corto las vistas son impresionantes. Al llegar a la montaña del otro lado, recorrimos varios senderos bordeando la costa, casi siempre subiendo y bajando escaleras. Hicimos algunas fotos en una exposición de dinosaurios y volvimos a la playa en el teleférico cuando se puso el sol.

Volvimos al hotel en metro, pero nos bajamos una parada antes, en el ayuntamiento para caminar por esa zona y buscar un restaurante de pollo frito. El metro te deja dentro del ayuntamiento pero estaba cerrado y solo atravesamos un pasillo con una pantalla enorme para volver a salir a la avenida. Esta zona es muy tranquila, cerca de la universidad y rodeada de oficinas, no tiene ningún atractivo especial. No encontramos restaurante de pollo y terminamos comprando en el 7eleven, una salchicha envuelta en queso que nos comimos en la habitación.



















































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