10 de enero de 2024

Nuestra ruta comienza hoy hacia el Museo Nacional de Corea. Como está un poco alejado decidimos ir en metro. Hemos desayunado en una cafetería cerca del hotel y nos hemos dado cuenta que es más caro tomar un café y un pastel que comer hasta reventar.
El museo es gratis los miércoles y estaba lleno de niños.  Contiene unas 310 000 piezas en su colección, con cerca de 15 000 piezas contemporáneas a lo largo de seis galerías de exposiciones permanentes como la Prehistoria y la Galería de la Antigüedad, la Galería de la Edad Media y la Edad Moderna, la Galería de Donaciones, la Galería de Caligrafía y Pintura, la Galería de Arte Asiático y la Galería de Escultura y Artesanía. Es el sexto museo más grande del mundo en términos de espacio, que ahora cubre un total de 295 551 metros cuadrados. Con el fin de proteger los artefactos dentro del museo, el edificio principal fue construido para soportar un terremoto de magnitud 6.0
Richter Escala. 
Volvimos a coger el metro para ver el museo de la guerra de Corea, pero solo visitamos la exposición exterior con todo el equipamiento militar usado por los dos bandos.
Caminamos unos veinte minutos hasta el barrio de Itaewon, famoso por la serie de Netflix y por ser el sitio de fiesta de todos los extranjeros de la ciudad. El halloween de 2022 se reunieron miles de jóvenes y quedaron atrapados en sus estrechas calles muriendo más de 100 personas. Encontramos un restaurante bar cubano por esas calles, pero no entramos,  os hemos propuesto solo comer comida coreana.

Desde allí fuimos en metro hasta Hongdae, el barrio universitario. Las calles estaban llenas de jóvenes, mirando tiendas o espectáculos callejeros. Nosotros decidimos parar a comer en un sitio donde te cocinan en la mesa. Elegimos un arroz con pollo y queso muy rico pero un poco picante para mi gusto. Recorrimos las calles peatonales, nos tomamos una cerveza en una Terrassa “Pink” de un edificio rosa, para poder descansar un poco los pies y relajarnos. En el local no había nadie y la música era reguetón, así que le pedimos al camarero que nos pusiera rock y ahí estuvimos un rato disfrutando la música. Intentamos coger un aguacate de peluche en una de las máquinas de un sitio de juegos, pero nos dejamos 5 monedas y desistimos.

Mi móvil se quedó sin batería y no teníamos internet para saber hacia dónde movernos, pero recordábamos la parada de metro de nuestro hotel y decidimos volver hacia allí. El funcionamiento del metro es bastante sencillo y las paradas tienen los nombres traducidos al inglés. 

En la estación que debíamos hacer transbordo de línea de metro decidimos salir para ver el ayuntamiento. Había una pista de patinaje montada en la plaza y estaba llena de jóvenes, aquí no pierden el tiempo por las noches para divertirse. Salen de trabajar a las cinco de la tarde y siguen de fiesta con los compañeros de trabajo. A las 8 de la noche ya se les ve contentos de tanto soju que han bebido.

Vimos abierto el Palacio Deoksugung que fue habitado por varios miembros de la realeza coreana hasta la ocupación japonesa de Corea de principios de siglo XX. Los edificios pertenecientes al complejo varían en su construcción, siendo algunos de madera sin tratar, otros de madera pintada y otros de estuco. Algunos de ellos también fueron construidos al estilo occidental. Además de los edificios se encuentra un museo de arte, jardines y una estatua del Rey Sejong el Grande.

La residencia se convirtió en palacio real durante las invasiones japonesas a Corea después de que todos los demás palacios fueran incendiados en 1592, por lo que el rey Seonjo fue el primero en utilizarlo como su residencia. La visita nocturna nos gustó mucho aunque recorrimos todo en media hora porque es un palacio pequeño.

Caminamos de vuelta al hotel y Xavi paró a comer un pincho de pollo y unos calamares rebozados que venden los puestos callejeros. Es nuestra última noche en Seúl, mañana volamos a las 8 hacia Busan.










































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