8 de enero de 2024
Amanecimos con -12 grados a las 5 de la mañana e intentamos dormir un poco más. Cerca de las 9 salimos a desayunar en un café cercano “The coffee bean”. En este sitio también se podía hacer el pedido en una máquina así que no tuvimos problemas de comunicación. Xavi se comió un pastel de chocolate y un chocolate caliente y yo un zumo de mango y un bocadillo de jamón y huevo. Caminamos por el barrio de Sejongno atravesando la calle Insadong llena de pequeñas tiendas, hasta el palacio de Gyeongbokung. Llegamos justo cuando hacían el cambio de guardia y había muchísima gente. No pensamos encontrar turismo en estas fechas, pero el palacio estaba lleno de turistas vestidos con hanbok que es el traje tradicional coreano. Alrededor del palacio hay miles de sitios donde alquilar este vestuario que te permite entrar gratis, aunque la entrada cuesta unos 3 euros e imagino que el alquiler mucho más.
El palacio es uno de los 5 palacios principales de Seúl y era la residencia de los reyes de la dinastía Joseon entre 1392 y 1910. Paseando entre los muchos pabellones que servían de residencia a reyes, reinas y príncipes se convierte la visita en un laberinto de caminos y puertas que dan paso a nuevas estancias o jardines. Muchas partes del palacio fueron demolidas durante la invasión japonesa y aún se están reconstruyendo partes.
Cerca de las dos de la tarde caminamos hacia el barrio Bukchon lleno de Hanoks que eran las casas tradicionales. En la actualidad es un barrio muy cultural, lleno de galerías de arte y museos. Comimos en un pequeño restaurante en una de esas casas. Nuevamente pudimos pedir la comida en la máquina y está vez comimos lo mismo: un plato de pescado, cerdo empanado, con sopa de pescado, 4 bolas de arroz y los acompañamientos tradicionales de verduras encurtidas y kimchi.
La próxima visita fue al Museo de arte contemporáneo de Seúl. Se visitan 8 exposiciones y la entrada cuesta menos de 5 euros. Había muchos jóvenes visitándolo y muy pocos turistas. El jetlag y los kilómetros recorridos nos hicieron volver al hotel a tomar un descanso y recuperar fuerzas para la noche.
A las 9:30 salimos rumbo al ayuntamiento de Seúl. Es increíble la vida nocturna de esta ciudad. Siempre hay gente comiendo y bebiendo con amigos. Muchos locales con música, pequeños callejones iluminados con carteles de comercios, pantallas enormes en los edificios con alguna publicidad. Caminamos a lo largo de Cheonggyecheon, el arroyo iluminado que recorre el barrio, hasta llegar a la avenida Sejong y la escultura Spring que parece un caracol gigante. El ayuntamiento estaba oscuro y no había mucho que hacer a esa hora, así que decidimos volver de día. En dirección contraria en la misma avenida encontramos una exposición sobre la guerra de Corea y banderas de los países que la apoyaron. Más adelante se encuentra la plaza Gwanghwamun con esculturas iluminadas por el festival de faroles. A medida que avanzamos se iban apagando las esculturas como si nos echaran del parque. En esta misma zona están las esculturas del rey Sejong, inventor de la escritura coreana Hangol y el almirante Yi Sunshi, que defendió a Corea de los japoneses en 1514. Al final de la avenida nos encontramos con el palacio que visitamos en la mañana y volvimos hacia el hotel aunque aún no habíamos cenado. Por esa zona ya todo estaba cerrado y con pocas esperanzas de cenar compramos un bocadillo y helado en una tienda de conveniencia para comerlo en el hotel. Sorprendentemente en nuestro barrio seguía todo abierto aunque eran pasadas las once de la noche y entramos a comer pollo frito en un restaurante que habíamos visto el día anterior. La camarera, bastante mayor, nos había invitado a pasar ayer y hoy también así que nos animamos. Con su poco inglés y la carta en la mano nos ayudó a elegir el pollo, cerveza y soju. Mientras esperamos la comida, nos puso unos tapas de cacahuetes, ensalada de col, nabo encurtido y frutos secos. El pollo estaba muy crujiente y delicioso, algo picante para mi gusto pero con el soju no se notaba. En el restaurante aún quedaban algunas parejas bebiendo y amigas hablando a gritos, se notaba el efecto del alcohol. Volvimos al hotel contentos de como terminó la noche sin habérnoslo propuesto.
















































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