Kioto
16 de enero de 2024
Hoy le dedicaremos el día a Kioto. Salimos en busca de una cafetería para desayunar, pero primero encontramos el Castillo de Nijo, porque lo tenemos muy cerca del hotel, y decidimos hacer la visita. Justamente hoy estaba cerrado el palacio y solo se visitan los jardines, pero aún así valía la pena. El castillo se construyó en 1626 como residencia de los shogunes Tokugawa hasta que en 1939 fue donado a la ciudad.
Desde el castillo teníamos una hora andando hasta el Pabellón Dorado en el templo Kinkaku-ji, que es de las atracciones más alejadas del centro de la ciudad. Paramos a desayunar en un pequeño café muy japonés. El camarero sabía inglés así que no tuvimos problemas para entendernos. Comimos una tostada de bacon y huevo, un chocolate rosa para mi, y como siempre un café para Xavi.
A las doce del mediodía llegamos al templo, con alguna pequeña nevada por el camino que no llegó a cuajar. Aunque era mi segunda visita al lugar, esta vez había menos turismo y lo disfruté más. Fue construido originalmente como villa de vacaciones de un noble y se dice que los jardines y las construcciones alrededor del pabellón son una manifestación del paraíso en la tierra.
Nuestro siguiente destino estaba a dos horas caminando o una hora en transporte público y queríamos aprovechar el tiempo así que decidimos coger un taxi a la salida del templo. En media hora atravesamos la ciudad y llegamos al templo Kiyomizudera. Para acceder al templo hay que atravesar una calle con tiendas y comercios de comida callejera que estaba llena de turistas, sobretodo coreanos. Aprovechamos para comer un pepino aderezado con limón que Xavi había visto en alguna serie y a mí se me antojó un pincho de mochi, que es una pasta de arroz dulce. Nos costó abrirnos paso entre tanta gente y hacer fotos en las que solo saliéramos los dos era bastante complicado, además comenzó a nevar nuevamente, pero solo por unos pocos minutos. Había tanto turista como en temporada alta, aunque también es lugar de peregrinación de los japoneses para pedir ayuda en el amor o en los estudios, de hecho vimos a muchos estudiantes.
La terraza del templo sobresale de la ladera de la montaña y desde allí se tienen vistas de toda la ciudad. Había cola para entrar al santuario donde si caminas entre dos piedras con los ojos cerrados encuentras el amor, también había cola para beber agua de la cascada y tener salud, pero nosotros pasamos de esos rituales.
Atravesamos el barrio de Hagashiyama y encontramos el templo Hokan-ji, con su pagada de 46 metros, construida en el 589 por el príncipe Shotoku y que se dice está inspirada en un sueño.
Ya en el barrio de Gion, encontramos el santuario sintoísta Yasaka-jinja, construido en el siglo VII cuando Kioto estaba en su máximo esplendor y era la capital de Japón. Volvimos a encontrar muchos japoneses rezando y tocando las cuerdas que hacen sonar unos cencerros gigantes para hacer sus oraciones de inicio de año.
Salimos del santuario directamente a la calle comercial del barrio de Gion, pero decidimos desviarnos por las callejuelas donde acostumbran las Geishas a ofrecer sus servicios de acompañamiento. Recorrimos unas cuantas calles con casas tradicionales y volvimos a la calle principal donde se ubican las tiendas de las grandes marcas. Después de varias horas andando, nos sentamos a tomar un café y chocolate en una cafetería, para descansar los pies y entrar en calor. Cruzando el río llegamos hasta las galerías Teramachi, con pequeños comercios, restaurantes e incluso algún templo. Entramos en varias tiendas a curiosear y termínanos comprando alguna chuchería.
Hasta el hotel teníamos media hora andando y decidimos cenar en los restaurantes de la zona. Entramos en un izakaya, que es el típico bar o restaurante japonés donde se reúne la gente después del trabajo. No había nadie cuando llegamos y nos sentamos en la barra. Desde ahí podíamos ver como nos preparaban la comida en la plancha. Pedimos okonomiyake, que es un tipo de tortilla con verduras y carnes. El mio llevaba cerdo y el de Xavi una mezcla de carne y marisco. También compartimos unos fideos yakisoba de carne y Xavi comió pulpo con wasabi, todo eso acompañado de cerveza y sake.
Llegamos al hotel a preparar las maletas pues es nuestra última noche en Kioto.














































Como siempre excelente blog. Un consejo humildemente: no pasar de los rituales, hacedlo! 🙏
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