17 de enero de 2024
Hoy deberíamos haber tomado un vuelo a Tokio a las 7 de la mañana, pero decidimos ir a Nara, una ciudad cerca de Kioto y coger un tren por la tarde a Tokio, ya que lo tenemos incluido en el pase JR de trenes de alta velocidad.
Dejamos el hotel a las 9 y salimos caminando hacia la estación. Ya hemos comprobado que llegamos antes andando que cogiendo el transporte público y nos sabemos el camino. Intenté reservar el tren a Tokio y Nara pero el señor no sabía inglés y me dijo con su traductor online que me fuera a Nara y cuando volviera reservara el tren a Tokio. Para Nara no hace falta reservar asientos pues cogemos una línea de tren local. En 7 minutos salía el siguiente tren y lo cogimos sin problema.
En menos de una hora llegamos a la estación de Nara, dejamos las maletas en una taquilla y salimos caminando hacia el primer templo. Nara fue capital de Japón entre los años 710 y 784 lo que la convirtió en cuna de la cultura, arte y artesanías japonesas.
Atravesamos una calle comercial y en unos 15 minutos caminando llegamos al templo Kofukuji con una pagoda de cinco pisos que es el símbolo de la ciudad y estaban restaurándola en ese momento. Hay un pabellón enorme con una estatua de Buda y sus guerreros, que es lo que se visita, al parecer los otros pabellones estaban cerrados.
Atravesamos el parque de Nara donde viven ciervos en libertad a los que la gente alimenta con unas galletas que se compran allí mismo. Según la leyenda, el dios Takemikazuchi llegó a Nara sobre un ciervo blanco para custodiar la ciudad y desde entonces el ciervo se ha considerado un animal celestial, mensajero de los dioses. Recuerdo que hace 10 años los ciervos eran bastante agresivos y se comían hasta los mapas que llevaban los turistas. Esta vez eran todos muy dóciles, se acercaban y esperaban a que les dieras de comer, pero sino simplemente se iban. Xavi tocó uno pero no por mucho tiempo para no contagiarle su resfriado. Nos dimos cuenta que les habían cortado los cuernos a todos, quizá eso los ha hecho más calmados, aunque vi a dos peleando por un trozo de pan.
Eran las 12 y solo habíamos desayunado unos mikado y una mini galleta de chocolate, así que paramos en un restaurante japonés y decidimos comer. Compartimos un arroz con carne, setas y una ensalada y luego nos tomamos un helado.
Seguimos el recorrido hacia el templo Todaiji dedicado a la imagen de Daibutsu o Gran Buda. El templo tiene dos récords mundiales: el del Buda de bronce más grande y la construcción de madera más grande. Se terminó de construir en el año 752 pero dos veces se incendió y fue reconstruido en el año 1692 a dos tercios de su tamaño original. Realmente impresiona mucho el tamaño del Buda de bronce y de las imágenes que lo acompañan. En el templo hay un pilar de madera con un agujero en la base que tiene las mismas dimensiones que los orificios de la nariz del Buda por el que sí logras pasar llegas a la iluminación. En mi visita anterior hice una cola enorme y logré pasarlo, esta vez quería saber si podía. Solo había un niño intentándolo y yo fui la siguiente. Pasé sin problemas pues ya conozco la técnica que consiste en girarse nada más entrar por el agujero. Después de mí la gente se animó y se formó cola, habrán pensado “si esa gorda cabe, yo también”, pero vimos a muchos fracasar y nos reímos un rato.
Volvimos hacia la estación para intentar coger un tren a Tokio y no llegar muy tarde. Reservamos asientos en el tren de las 3:30 desde Kioto y cogimos el siguiente tren desde Nara a Kioto. Aprovechamos los 20 minutos que faltaban para comprar comida. Xavi pidió dos tipos de pollo y yo una caja que traía arroz, pescado, pollo y ensalada.
Llegamos a Kioto faltando 12 minutos para el siguiente tren a Tokio. Compramos bebidas y subimos al tren. Teníamos casi 3 horas por delante, así que aprovechamos para comer, ver películas, disfrutar del paisaje y descansar.
A las seis de la tarde llegamos a la estación de Tokio y decidimos ir andando hacia el hotel como siempre porque era la hora punta y no queríamos arriesgarnos con el transporte público. Tokio sigue iluminado por navidad, no tanto como Seúl, porque aquí son más minimalistas. Atravesamos el barrio de Chuon hasta el río que da paso al barrio de Asakusa, que es el barrio antiguo, donde está nuestro hotel. Llegamos al hotel a las siete y media de la noche y aprovechamos para poner una lavadora. Mientras esperamos el lavado y secado dimos una vuelta por los alrededores y compramos algo para picar en un 7eleven.
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