Playas de Busan
12 de enero de 2024
Hoy hace un buen día para ir a la playa, aunque hace mucho frío. Desayunamos en la cafetería que hay justo debajo del hotel. Un cruasán con huevo frito para mí y uno de chocolate para Xavi, con nuestro correspondiente café y chocolate frío. Es curioso como las cafeterías son más caras que las comidas en restaurantes, pero se ve que están de moda por ser de estilo occidental.
Siguiendo instrucciones de Google Maps nos fuimos en autobús hasta el templo Haedong Yonggungsa, fundado en 1376 en un acantilado sobre el mar. Antes de llegar al templo hay una pequeña calle repleta de puestos de comida y souvenirs. Atravesando un paseo de estatuas del horóscopo chino, se llega a unas escaleras por las que se accede a varios budas y pequeños templos con vistas al mar. La entrada es gratuita y quizá por ello el templo estaba lleno de coreanos pidiendo sus deseos de año nuevo, solo vimos un turista. Compramos una hoja dorada para dejar nuestro deseo colgado junto a otros miles.
Después de recorrer escaleras arriba y abajo nos tomamos un café y un chocolate con vistas al mar y salimos en busca del siguiente autobús que nos dejaría en la playa de Haeundae. Esta es de las playas más bonitas de Corea y es famosa por sus 3 rascacielos frente al mar. Había mucha gente haciéndose fotos mientras daban de comer a las gaviotas y paseando por la arena. Caminamos por la playa un buen rato y terminamos comiendo en un puesto de comida del mercado. Xavi tenía antojo de un pollo con salsa picante y yo de un pincho con una patata frita en espiral a la que le ponen queso.
Seguimos caminando hacia el centro comercial Shinsegae, pero a medio camino decidimos coger el metro pues aún nos quedaba media hora para llegar. Desde el metro se accede directamente a este centro comercial que es el más grande del mundo. Tiene siete plantas con miles de tiendas de las mejores marcas, más una planta de restaurantes. Aprovechamos para comer, pues ya eran cerca de las cuatro de la tarde. Pedimos un arroz con pollo teriyaki para mí y un arroz con carne picante para Xavi. Como siempre nos ponen kimchi de complemento y esta vez además sopa de miso.
Nuestra siguiente parada fue en la playa Gwangalli. Llegamos casi al anochecer y comenzaba a iluminarse el puente y todos los edificios y comercios. Las luces del puente cambian de color cada diez minutos aproximadamente y mientras caminamos a lo largo de la playa pudimos ir viendo el espectáculo.
Volvimos en metro a la playa de Haeundae porque Xavi quería ver los rascacielos iluminados. Atravesamos el paseo peatonal con decoraciones llenas de luces para hacer fotos, hasta llegar a la playa. Los rascacielos no se veían muy bien en el horizonte, pero en la playa habían unos laberintos de luces, animales, planetas y letras de colores donde la gente se hacía fotos.
Cerca de las 9 de la noche volvimos al hotel, compramos un pescado seco y una cerveza en el 7 eleven para comer en la habitación, pero el pescado era demasiado picante para mí, aunque me daba mucha envidia lo mucho que crujía mientras Xavi lo disfrutaba.























































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